Plauto, recuerdo distorsionado de un tonto eventual (2004) de David Gordon

Decadencia no tan decadente.

Tras una masacre en el Circo de las Alegrías, el payaso Plauto, único superviviente de la compañía, da su versión de los hechos acaecidos donde la droga, las envidias y los ajustes de cuentas tendrán mucho que ver.

Por dónde empezar...
Corría el verano de 2003 (madre mía, lo que ha llovido) cuando entre los programas y revistas del corazón se anunció a bombo y platillo que dos de sus figuras más representativas (o no), Ricardo Bofil Jr. y Coto Matamoros, se iban a lanzar a dirigir (es un decir) sendas películas comerciales. El primero se encargaría de una comedia con tintes psicotrópicos-surrealistas llamada Hot Milk y el segundo un drama con toques de thriller, usease, esta Plauto. También el sosainas de Cárdenas hizo "algo" pero prefiero no incordiar. Finalmente Matamoros se vio incapaz de llevar el proyecto a buen término, así que decidió relegar la silla de director a un David Gordon recién salido del programa El séptimo de caballería, y él únicamente saldría acreditado como guionista. Una cosa buena puedo decir del tal Gordon: sabe manejar tras la cámara. Es cierto que se permite en muchas ocasiones dejar la cámara fija y los actores a su aire, pero en ocasiones Gordon se atreve con picados, contrapicados y planos secuencia con los que, quizás de manera inconsciente, acaba dotando a la película de un ritmo endiablado sin apenas puntos muertos haciéndola harto divertida.

El nivel del guión de Coto Matamoros digamos simplemente que la cosa se disfruta por lo bizarro (sí, bizarro) que acaba resultando. Sin duda estamos en un refrito de las películas de Tarantino, Rodríguez o de Guy Ritchie (tanto monta, monta tanto) con la "sutil" diferencia de estar pasada por la caspa patria, cosa que te recuerda constantemente por la elección de sus actores (Nuria Bermúdez reniega de su papel, y no es para menos) la mayoría de ellos amateur a la par que totalmente sobreactuados, aunque es raro, ya la mayoría de ellos se interpretan a sí mismos. Los diálogos y las situaciones del film estarán sacados de una buena curda en el Bar los Suspiros, así que ya os imagináis el panorama; casi todos rayan la vergüenza ajena, pero es cierto que la mayoría de sus escenas son tan políticamente incorrectas que acaban siendo maravillosas. Valga de ejemplo la escena en el puticlub, donde un Dioni desatado parte un palo de billar en la espalda de una mujer (¡!) - pero ¿qué se esperaban viniendo de donde viene?

Entre toda esta caterva de escombros que contrató Matamoros a cambio de una gran pila de cocaína se entiende, encontramos a un actor de la talla de José "Pepe" Carabias, un sempiterno roba escenas, y que aquí, lógicamente, acaba siendo el mejor y lo mejor del film con su brutal composición del payaso triste Plauto. Aunque su papel no deja de ser casi el de secundario en su propia película, sus minutos en pantalla son de un saber estar encomiable. Los comediantes Jaime Ortiz y Javier Cifrián, que a finales de los dos miles despuntarían con directores como Fernando Colombo y Álex de la Iglesia, y que aquí simplemente hacen lo que pueden, cumpliendo al menos. Ya en roles secundarios tenemos a Octavi Pujades, Pepe Frías, Duna Santos - los tres recién salidos "(ja) de Al salir de clase -, Víctor Rivas y la ahora directora Amparo Climent.

Plauto posiblemente deje la sensación de que en otras manos mucho más expertas el resultado final hubiese sido mejor, de eso no hay duda. Pero al menos en mi opinión, si se dejan de lado las nefastas interpretaciones de algunos de sus "actores", considero que no es la basura infecta que debía de haber sido. Sorprendentemente contiene una cantidad de detalles que la hacen muy entretenida de ver.

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