Nick Carter, aquel loco, loco detective (1978) de Oldrich Lipský


Calma y estilo.

Con un título que mejora en su original, el contundente Adéla jeste nevecerela o Adela no ha cenado todavía, referente a la planta carnívora coprotagonista, se esconde una comedia checa (sí, existen las comedias checas) quizás no tan alocada como pretende vendernos su versión castellana, pero bastante interesante si se mira más en profundidad.

Nick Carter es el mejor detective privado de la historia que adorna su loft neoyorkino con autógrafos de Edison y Sherlock Holmes y es atacado sin inmutarse por hordas de villanos (Fantomas en incluido en lote) antes del desayuno. Su vida transcurre con relativa normalidad hasta que recibe un extraño encargo: debe trasladarse a Praga e investigar la misteriosa desaparición de un perro propiedad de una duquesa. Ya allí descubrirá que no todo es tan fácil como podría aparentar...

Como decía al principio, en Nick Carter, aquel loco, loco detective encontramos un spoof  de tomo y lomo, bastante simpático, de las aventuras de Sherlock Holmes, quizás intentado repetir/aprovechar el éxito que obtuvo cuatro años atrás El jovencito Frankenstein (Mel Brooks, 1974) de la cual se pueden apreciar no pocas similitudes al rodar el director, Oldrich Lipský, una cinta de misterios clásica sólo que añadiendo gotas de humor a su desarrollo. Con todo, la película no tiene tanta gracia, al menos no tanta como la que debiese un material así, haciendo que la mayoría de veces parece que estemos viendo una película de detectives (en la que zurran, y mucho, al protagonista) en la que el humor es algo secundario pese a intentarlo todo el rato, cámara acelerada para que vayan rápido los personajes incluso... a lo mejor es que no entiendo el humor checo.

Lo que sí destaca es la manera en la que está filmada. No conozco nada de Lipský, pero el tipo se maneja bien en el medio, haciendo que una película filmada a finales de los setenta dé el pego como película rodada a principios de los sesenta - ambientación en exteriores incluida, salvo cuando están en Nueva York, que es un set -, a lo que se les suma unos efectos, stop motion la mayor parte, que son bastante decentes para la época. Es curioso ver que la planta carnívora se parezca un poco a la de La  tienda de los horrores (Roger Corman, 1960), pero que esta a su vez se parezca tanto a la planta del remake (Frank Oz, 1986) como si las tres películas se retroalimentasen.

Dentro de una película tan intencionadamente cómica, lo cierto es que se llega a ver algún que otro momento, no sórdido, pero sí salido de madre; de cara al final uno de los personajes secundarios aprovechando que love interest del protagonista está drogada, ¡a punto está de violarla! (desnudándose en el proceso) hasta que en el último segundo es devorado por la planta carnívora. Claro que eran otros tiempos, pero desentona bastante con una película en la que a continuación hay una persecución al estilo Benny Hill.

El film fue presentado en el Festival de Sitges de 1978, ganando una merecida medalla de plata a la mejor fotografía para Jaroslav Kucera, además de ganar en 1980 el Saturn a la Mejor Película Extranjera y de estar nominada en ese mismo festival a la Mejor Película de Género Fantástico, es decir, que gustó bastante dentro del mundillo.

Aquí en España, para mi sorpresa tuvo un estreno en salas, logrando congregar en el cine a unos 123.510 espectadores. Alucinante.

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