ESPECIAL VERANO. DÍA 23: "De repente , la oscuridad" (1970) de Robert Fuest.


¿Os acordais de “Verano Azul”? ¿Si? Pues esa no es la película –o serie de hoy-, pero recordemos la escena más icónica, tras la de la muerte de Chanquete… Eso es, las puñeteras bicis. Aún treinta años después de la serie de las narices, aún te puedes encontrar al típico cuñao de ventas silbando la sintonía mientras un grupo de ciclistas pasa al lado. Es eso o: ¡!!Vamos Indurain!!! . ¡Ay!, la dura elección del cuñao. Como dicen en “Indiana Jones y la última cruzada”: Elige sabiamente.
Pero me estoy saliendo del tiesto. Volvamos a las bicis. Imaginaos ahora que en vez del grupo de chavales, nos quedamos solo con Bea y Desi. Y en vez de estar en la turística Nerja, se marchan a pedalear por Sierra Morena. Algo parecido ocurre en la cinta que os traigo hoy: “Y de repente, la oscuridad” de Robert Fuest.



La película nos presenta a Cathy y Jane, dos enfermeras inglesas que deciden pasar el Verano yéndose en bici por toda la landa francesa. Todo parece bien: Hace buen tiempo, no hay mucho tráfico, las cosas están baratas… Pero por una tontería discuten, y se separarán. Al rato, Jane se arrepiente y vuelve a hacer las paces… Pero Cathy no aparece. Todo apunta a que alguien la ha secuestrado. ¿Puede haber sido ese motorista que parecía que las seguía por cada pueblo que pasaban?

Lo primero que os quiero decir obre esta cinta es que es hija de su tiempo. Como otras películas de principios de los setenta, ya sean británicas - “El hombre de mimbre”, “Perros de paja”- o de otra nacionalidad – “La matanza de Texas”, “El quimérico inquilino” o “¿Quién puede matar a un niño?”-, son películas que se toman su tiempo. Estas cintas usan su primera hora de metraje para ponernos en marco, presentarnos el motor de la trama – ya sea el detective investigando una muerte en “El hombre de mimbre”, o la visita de un grupo de chavales a la casa del abuelo de uno de ellos en “La matanza de Texas”-, intentar que empaticemos con los personajes, y sobretodo poniéndonos en la boca del estómago la sensación de que algo raro ocurre. Un poco como hace Ti West en sus películas. Y os digo lo mismo que si hablásemos del director de Delaware: no es que sea tedioso, a esto se le llama saber crear una atmósfera. Y si os gustan las cintas que he nombrado antes, darle una oportunidad a West, no os defraudará.

En la silla de dirección tenemos a un tipo más que interesante: Robert Fuest. El británico, cuya “De repente, la oscuridad” es su segunda película, es un realizador que se mueve como pez en el agua y con pies de plomo dentro del género. En su haber se encuentran cintas tan interesantes como “El abominable Dr. Phibes” y su secuela “El retorno del Doctor Phibes” o “La lluvia del diablo”, donde vemos que Fuest no le hace ningún asco al primigenio –y a día de hoy aséptico- gore. Aunque en la cinta de hoy no tenemos nada de casquería, todo es psicológico más que físico.

Como las protagonistas tenemos otros dos nombres formados en el género: Como Cathy, la chica que se pierde, tenemos a Michele Dotrice. A esta actriz podemos seguirle la pista tanto en cintas de terror de la Hammer – “Las brujas”- como fuera de dicha productora – “La garra de Satán”-. Y como Jane, la que tiene dos dedos de frente de las dos, y la que lleva el peso de la cinta, tenemos a Pamela Franklin. Esta actriz también tiene un curriculum más que envidiable dentro del cine de sobresaltos de los sesenta –era la niña de “Suspense” de Jack Clayton, junto a Deborah Kerr-  y setenta – “Escuela satánica para señoritas” o “La leyenda de la mansión del infierno”-, aparte de muchísima televisión.




En definitiva, una cinta más que interesante. Podríamos hasta considerarla como la abuela de esas cintas que nos muestran –siempre desde una perspectiva etnocentrista- los peligros que hay más allá del propio país, como la saga “Hostel” o “Turistas”. Con una atmosfera por las que muchos directores de género de hoy día darían su ojo derecho. Y con una segunda mitad del fin con un juego del gato y el ratón digno de elogio. ¡No os la perdáis! 

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