ESPECIAL VERANO. DIA 12: "Independence Day" (1996) de Roland Emmerich.



Mira en la parte inferior derecha de la pantalla. Si, al lado de todos los iconitos. Exacto, al lado de la hora. Eso, la fecha del día de hoy. Estamos a día 4 de Julio y aunque no somos estadounidenses, lo cortés no quita lo valiente, y tenemos que quitarnos el sombrero por su gran cine espectáculo. Y en el día de hoy os traigo la cinta perfecta para una fecha tan señalada, realizada por el director más americanofilo que puedas echarte a la cara –y eso que es alemán-: “Independence Day” de Roland Emmerich.


La premisa de la cinta nos traslada a esas películas de ciencia ficción de los cincuenta y sesenta que tanto mamó su director durante su infancia. Un buen día, la Tierra se ve asediadas por unos platillos volantes gigantes. En primera instancia, no se sabe si vienen en son de paz o no. Pero finalmente, los extraterrestres comenzarán a disparar sobre todo bicho viviente. Nuestra esperanza reside, como no, en dos norteamericanos: el Capitán Steven Hiller –Will Smith- y el científico David Levinson –Jeff Goldblum-.

La cinta en sí, porque no decirlo, es un despropósito en cuanto a su lógica y narrativa. Pero estamos hablando de Emmerich, y este es un cine supervitaminado, con buenos muy buenos y malos que solo quieren destruir el mundo, donde la lógica a veces impera por su ausencia, pero en su lugar reina la diversión. Por eso, es muy importante dejar al espectador sesudo fuera del salón de estar y entrar a ver esta cinta como lo que es, una ensalada de tiros, ciencia de barra de bar, chascarrillos y muchas naves espaciales.

Como ya he dicho varias veces en los párrafos anteriores, el director es Roland Emmerich. El realizador no americano que más ha hecho por el cine del país de las barras y estrellas.
Tras realizar en el viejo continente una serie de películas no muy conocidas, pero que seguro vimos de pequeños algún Verano en Tele 5 como son “El secreto de Joey”“El secreto de los fantasmas”, dio el salto a USA con “Soldado Universal”. De la mano de su colega guionistas Dean Devlin llegó, vió y venció. Ya que después de la sudorosa aventura de Jean-Claude Van Damme y Dolph Lundgren vinieron cintas tan sumamente entretenidas como “Stargate” o “Godzilla” –donde el binomio Emmerich/ Devlin se disolvió-.
Tras coronarse –con permiso de Michael Bay- como el rey del cine de explosiones, Emmerich se atrevió con un drama histórico como “El patriota”, que aprobó con nota. Para volver posteriormente al cine que más réditos le ha dado, con mayor –“2012”- o menor - “10000”- fortuna. Para finalmente volver por la puerta grande con una de las cintas de acción más divertidas y contundentes de la década, “Asalto al poder”.



Y al frente de la resistencia humana tenemos a dos nombres para los cuales esta cinta significó el culmen de su carrera –Goldblum- o el nacimiento de una estrella –Smith-.
El primero ya era una estrella al llegar a la cinta de Emmerich. Ya había interpretado al doctor Brundle en “La mosca” y al carismático matemático Ian Malcom en “Parque Jurasíco”. Los papeles de tío listo le sentaban como anillo al dedo. Lástima, que desde esta cinta de 1996, aunque nunca haya parado de trabajar; no ha tenido papeles destacados, salvo en cintas como “El mundo perdido” o “Tras la sospecha”.
Para el segundo, que 28 años ya había tenido tiempo de hacerse rico, acabar en bancarrota y volver a enriquecerse; “Independence Day” fue la película que le asentó en Hollywood transformándole en el actor más taquillero de la industria por más de una década. Aunque ya tenía en su haber varios roles con cierta enjundia como el de “Seis grados de separación”, fue este papel de Capitan Steven Hiller y su Mike Lowrey de “Dos policías rebeldes” los que forjaron su estilo interpretativo y los roles que se le impondrían en los siguientes años. Casi siempre era el tipo un poco canallesco pero simpático, algo cuñao aunque mostrándose humildad en algún momento y, siempre el héroe de la función. Como he dicho antes, un auténtico filón para la taquilla, hasta los últimos años donde se le ha visto poco y en productos menos interesantes como “After Earth” o “Focus”.
Pero estos dos señores no luchan solos. Junto a ellos tendrán a toda una platea de secundarios que pondrán la sal y la pimienta a la cinta. Tenemos por un lado al presidente americano interpretado por Bill Pullman que –como no- es un excelente piloto de combate. También contamos con la ayuda de un veterano de Vietnam que está como una regadera, como el actor que lo interpreta, Randy Quaid. Y destacar también, como padre de David Levinson –y verdadero héroe de la cinta- al televisivo Judd Hirsch.


En definitiva, una cinta que es lo que es: una americanada como un piano de cola. Pero, ¿Quién si no ellos para salvarnos el día de unos extraterrestres que deciden volar la Casa Blanca?. Una nuevo tipo de blockbuster para un nuevo tipo de público. Y aún a día de hoy funciona como un reloj, de esas películas que el tiempo ha sabido poner en su lugar.

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