"La teoría del todo" (2014) de James Marsh.



Todos en pie, ya que estamos sin lugar a dudas y sin miedo a que me tiren piedras, ante la mejor actuación masculina protagonista de la década. Lo de Eddie Redmayne no tiene nombre, podríamos llamarlo genialidad pero ponerle cualquier epíteto sería quedarse corto ante tanto derroche de talento.

El trabajo del actor inglés era complicado desde un principio y a varios niveles. En el primero está el problema de estar ante un biopic. Esta última época de premios y festivales hemos tenido grandes actuaciones –reconocidas o no- en películas basadas en personalidades ilustres como en el caso de “Selma” o “The imitation game”. Y aunque tanto Cumberbatch como Oyelowo hacen grandísimos trabajos –más el segundo que el primero en mi opinión-, Redmayne los supera con creces.

En el segundo nivel tendríamos el hecho que es una película con enfermedad. Un nivel que podríamos ejemplificar con los trabajos de Dustin Hoffman en “Rainman” o Tom Hanks en “Philadephia”. Pero el gran punto a favor del film sobre la vida de Stepehn Hawking es su elegancia y los matices. Con la ayuda del director James Marsh, Eddie Redmayne comienza sugiriéndonos que algo extraño pasa. No nos lo muestra en primer plano cebándose en lo morboso, y hasta la escena en que Hawking se cae de bruces tan solo hemos atisbado algún tobillo flojo casi fuera de plano o unos dedos algo inseguros a la hora de sujetar un trozo de tiza.

En el tercer nivel, estaría el nivel de la excelencia. Cierto es que esta película no es solo trabajo de Redmayne, ya que la labor tanto de guionista como director es clave. Uno de los temores de Redmayne a la hora de crear al personaje era ser una caricatura del mismo, casi un spoof del propio Hawking. Pero en un esfuerzo titánico hace que por un lado tengamos lastima de Hawking y su familia, pero por otro lado nos muestran su carismática y apabullante personalidad. Él es el protagonista, no a su pesar, si no porque ese es su destino.




Pero como he dicho antes, no pongamos todas las medallas a Eddie Redmayne. Actoralmente está escudado por una Felicity Jones que parece que nació para el papel. Puede que la elección fácil de casting hubiera sido escoger a Keira Knightley, pero hubiéramos tenido una Jane parlanchina y con mohines. No nos engañemos, por mucho que me guste la Knightey, desde 2005 viene interpretando remedos de su genial Elizabeth Bennet de “Orgullo y prejuicio”, cosa que no pega ni con cola con la personalidad de Jane Hawking. Sin embargo, Felicity Jones ofrece otro rostro, el de la esposa presente y a la vez ausente, que ama a su familia pero que al mismo tiempo anhela esa libertad que dicho amor le impide obtener. Un personaje suave y áspero, con luces pero también muchas sombras, simple y elegante, que le reportaron un buen montón de premios y nominaciones. Hacedle sitio, que la chica ha venido para quedarse.


En cuanto a la silla del director, James  Marsh realiza una increíble labor de cuentacuentos yendo de un lugar a otro, de un tiempo a otro más alejado sin que le tiemble el pulso. Aunque si es cierto decir que el director de “Man on wire” se mueve con más soltura, irónicamente, en las escenas de corte intimistas que en aquellas ambientadas en espacios abiertos.


En definitiva, un película de las que hay que ver. Un canto a la vida y a que los árboles no te impidan ver el bosque. Quitaos los prejuicios, no estamos ante un dramón estamos ante un gran biopic con bastantes golpes de humor y el Oscar más merecido en años.

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