Torrente 5: Operación Eurovegas (2014) de Santiago Segura


¡Españolear! Bueno, a ratos.

Aviso ya que mi experiencia en la saga del policía más casposo a esta orilla del Manzanares no ha sido demasiado propicia. Aunque la primera entrega me pareció un PELICULÓN con todas las letras, en donde se ve al mejor Segura delante y tras la cámara, y una segunda parte muy divertida con esa Marbella convertida en una Miami Vice serie B, pero tanto la tercera como la cuarta me parecen un despropósito total y absoluto (curiosamente las más taquilleras), en el que sus tramas - por otro lado, más simplonas que el mecanismo de un chupete - acaban anuladas por la cantidad ingente de cameos que aparecen en pantalla, y que son a cada cual más absurdo como las constantes apariciones de la élite del papel chuché capitaneados por Belén Esteban.
Por suerte para nosotros, Segura aprendió la lección en esta quinta entrega, y aunque haya dejado que los cameos sigan presentes dentro de la trama, estos se encuentren mejor integrados (sublime el de Tony LeBlanc) y que no sean el motor de la historia, la cual para la ocasión nos traslada cuatro años al futuro en una distópica España que finalmente ha acabado por irse a la mierda.

Puede que Segura sea un vende humo charlatán en ocasiones; famosos son sus bajadas de pantalones en el Hormiguero y derivados, y cuando no es un tipo que se dedica a liarla en las redes sociales, pero en el terreno cinematográfico no tiene rival en cuanto a la promoción de sus films como ha demostrado entrega tras entrega, pero lo que yo no sabía, y lo acabo de descubrir, es que sabía rodar tan bien las escenas de acción. Vale, es cierto que en ocasiones copia al Michael Bay de los noventa en cuanto al uso y abuso de los travelings, pero he de admitir que en cierta escena en donde vemos paralelamente a dos actores iniciando una cuenta atrás, me puso los huevos por corbata.
El guión puede ser hasta la fecha el más amargo y con mayor carga crítica escrito por Santiago Segura. Desde sus primeros compases, con un Torrente recién salido de la cárcel y totalmente desencantado con todo lo que ha cambiado España en estos cuatro años - impagable ese Calderón en ruinas o la independencia de Cataluña -, vemos como esa mala leche va creciendo según avanza el film, desencadenando todo en un climax en donde tenemos desde un robo con la final del Mundial de Fútbol de por medio (un Argentina contra Cataluña nada menos) a una persecución en avión por el aeropuerto de La Moraleja (en desuso, por supuesto). Lo mejor es que todas estas referencias a que España se ha ido al guano finalmente no se quedan en las meras anécdotas, si no que siempre nos acompaña ese aire derrotista y de nulo futuro presente a lo largo de la película.

El ritmo del film por fortuna o por desgracia es bastante dinámico. Por fortuna todo pasa en un suspiro y, repito, lo que ves entretiene, pero la peor parte de todo esto se la lleva ciertas pasajes de la historia que quedan algo desubicados dentro del conjunto, como son la planificación del robo o el propio desenlace en el aeropuerto, que acaban resultando demasiado breves a mi juicio y que con quizás un poco más de desarrollo hubiera tenido un resultado más redondo.

En cuanto a los actores, bueno, queda algo desigual la cosa. Segura no está mal pero ya se le ve cansado del papel, Julián López es un Cuco renovado aunque falto de la chispa que le daba Gabino Diego, y unas terribles (pero tias buenas a más no poder), Carlos Areces está para matarle a leñazos, mientras que Angy y Anna Simón, a las que les recomendaría sólo lucir palmito, aunque sin duda los que más brillan son la troupé de secundarios/matados de los que se sabe rodear Segura, con un Jesulín sorprendente (cuando no se pone pesado con el toreo), un inmenso Aleck Baldwind en modo roba escenas, una no menos inmensa Chus Lampreave y unos chanantes Esteso (con pique con Pajares y todo), Florentino Fernandez, Señor Barragán y Cañita Brava, que se ganan los mejores momentos de la cinta.

En resumidas cuentas, mejor que la segunda, tercera y cuarta parte, es una película que pese a sus fallos de ritmo y alguna tontería aislada - algún actor/cameo metido con calzador, como el de la mujer de Jesulín - llega a resultar magnífica durante sus diez minutos iniciales y bastante entretenida el resto del metraje.
Eso sí, ojalá Santiago Segura se dejara ya de continuar la saga y se pusiera las pilas con otros proyectos, cosa que puede ocurrir dada la "baja" taquilla que ha amasado pueda .

Nota: 6

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