El corredor del laberinto (2014) de Wes Ball


Corre, chaval, corre.

Año 2024. Cuando el joven Thomas despierta, se encuentra en un ascensor y no recuerda quién es. De pronto, el ascensor se detiene, las puertas se abren y una multitud de chicos lo recibe. Ha llegado al Claro, un lugar rodeado de altísimos muros con dos portones que todas las mañanas se abren y dan paso a un inmenso laberinto. De noche, las puertas se cierran y por el laberinto circulan unas aterradoras criaturas llamadas laceradores. Todo lo que ocurre en el Claro sigue unas pautas: al abrirse las puertas, algunos chicos salen a correr al laberinto para buscar una salida. Una vez al mes, el ascensor sube con un nuevo chico, nunca una chica... hasta ahora. Tras la llegada de Thomas, suena una alarma y el ascensor trae a otra persona. Es una chica, y en la nota que la acompaña pone: "Ella es la última. No llegarán más". Las cosas en el Claro empiezan a cambiar, y lo único en lo que Thomas puede pensar es en lo mucho que desea ser un corredor. 

El contenido antes que la forma.

Sin duda, El corredor del laberinto no es la película que te haga recuperar la fe en las adaptaciones de libros para jóvenos, y más mirando al horizonte con la tercer parte de Los juegos del hambre (Sinsajo) asomando la cabeza, pero al menos consigue hacernos olvidar que parte de esa vertiente al darnos un algo más que otras producciones (la reciente Divergente) no supieron bien como hacerlo. Cierto, a veces peca de tontorrona con algunos diálogos de intentona existencial, o que algunos personajes sólo sirven para ser carne de cañón o meras comparsas del héroe, e incluso podríamos decir que la dirección de Wes Ball es rutinaria a más no poder, pero decir sólo eso de un film que no deja de ser una entretenidísima aventura de ciencia ficción sería injusto.

Para suerte del espectador medio, entre los que me encuentro, y que únicamente se acercan al film por el simple hecho de pasar un rato de disfrute, la película consigue ese objetivo durante sus casi dos horas de duración, las cuales pasan voladas gracias un guión, que, pese a seguir las pautas en esta clase de películas, sabe jugar bien las cartas que le han tocado, potenciando temáticas que en otra saga se considerarían tabú. El corredor del laberinto no se ahorra en momentos de acción pura y dura además de escenas violentas - el acoso y posterior muerte a la que es sometido uno de los protagonistas por parte de los laceladores -, compensados por momentos en la que la trama se torna más oscura, envuelta por un halo de misterio en lo referente a lo que en verdad es el laberinto (un personaje en sí mismo) y a las "bestias" que lo habitan, además de la presencia allí de los, en principio, chicos. Unos argumentos que bien podrían ser herederos directos de las tramas para los films de scifi distópica que se facturaba entre los setenta y los noventa, y que aquí sabiamente se aleja de los recursos tópicos del subgénero juvenil, como son la historia de amor pastelona digna de telenovela venezolana, o de efectismos/ pirotecnia sin mesura, dejando en este caso que sea un guión sólido a la par que sobrio, aunque sin abandonar del todo el espectáculo pese a la escasez de medios, y el buen hacer de los actores los que se lleven todo el peso de la historia.

El final ya os digo que es abierto, si no mirad en noticias que hace poco se anunció su segunda parte, pero os adelanto que es de los que te dejan la mandíbula desencajada de la sorpresa que te llevas.

En resumidas cuentas, aunque viendo del material del que parte, aparcad los prejuicios a un lado y no tengáis miedo de darle una oportunidad. Puede que al igual que me pasó a mí llegue a sorprenderos.

Nota: 6

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