Asalto a la comisaria del distrito 13 (1976) de John Carpenter.



Hoy traigo un clásico, una de esas pelis incontestables de las que me vuelvo un auténtico talibán si escucho a gente que habla mal de ella. Uno de esos westerns modernos y urbanos, que vi en un momento en que odiaba con toda mi alma el género, fruto de prejuicios adolescentes sin base ni fuste.

Por supuesto, el maestro de la función es John Carpenter, mi director favorito a mi pesar. Digo a mi pesar, por que me gustaría darme el pisto diciendo que mi director favorito es Scorsesse, Von Trier o Amos Gitai, pero me tengo que quedar con el feo bigotón, por que me he visto todas sus pelis, y todas me encantan. Por lo tanto, bienvenido John Carpenter a mi Olimpo privado directoril.

Carpenter es un tío que sabe lo que hace, y sabe que lo hace bien. No creo que tenga un ego muy grande, aunque el hecho de  poner la coletilla de “John Carpenter´s” antes de los títulos de sus obras también nos muestran que el John no tiene abuela.




Empezamos la peli, y tenemos ya la música de sintetizador que posteriormente haría mítica en otras pelis como “Halloween” o “La niebla”. La melodía ya nos pone en tensión. Tampoco voy a ponerle medallas a Carpenter, diciendo que fue el primero en hacer esto, ya que Argento lo hacía con los integrantes del grupo I Goblin, pero John no lo copia, si no que lo lleva a su terreno para hacerlo suyo, hacerlo casi una marca de la casa. Porque Carpenter es un tío que sabe lo que hace, y sabe que lo hace bien. No creo que tenga un ego muy grande, aunque el hecho de  poner la coletilla de “John Carpenter´s” antes de los títulos de sus obras también nos muestra que John no tiene abuela.

El argumento es bastante sencillo: En la ciudad hay un montón de bandas –estilo “The Warriors”- que han sido tiroteados por policía en un acto que parecía más ejecución sumaria que una detención. Entre los supervivientes, se reúnen y asaltan la comisaría más cercana. Esta comisaria resulta que está siendo desmantelada, y entre la gente que quedan, está un oficial novato, las secretarias y un grupo de presos que estaban de camino al penal. Todos estos deberán unirse si quieren salir con vidas. Ciertamente, no es el mejor argumento o el más novedoso –ya que está influido sin pudor por “La noche de los muertos vivientes” de George A. Romero o “Rio Bravo” de Howard Hawks, directores a los que Carpenter venera-, pero el director, como en la banda sonora, lo lleva a su terreno aguantando el ritmo y la tensión como pocos realizadores son capaces.




Analizando el reparto, podemos ver alguna cara familiar: Tony Burton – el entrenador de Apollo Creed y luego de Rocky en la famosa saga-, o Charles Cyphers y Nancy Loomis –que aparecerían en otras pelis de John Carpenter-. Pero el que se lleva la función es Napoleon Wilson. Este personaje, interpretado por el finado Darwin Joston, es un proto-Plisken, con sus chascarrillos, sorna y todo lo que un antihéroe carpenterniano debe poseer.
Entre algunos puntos a destacar está la violencia descarnada, ejemplificada con la escena del disparo –en pantalla- a la niña y que dará comienzo a la pesadilla. También mención especial a la no personalización de los pandilleros, pareciendo un enjambre de avispas que van a entrar a conquistar la guarida de su presa/enemigo.
La película tiene un buen ritmo, para la época, sin muchos alardes técnicos –no había dinero para hacerlos-, pero en ningún momento tienes la sensación de estar viendo una peli cutre o un quiero y no puedo.

En resumidas cuentas, un clásico en toda regla que todo el mundo debería de ver al menos una vez en la vida. Sobretodo recomendada para todos aquellos fans del western y de los antihéroes que poblaron el cine de acción de los 80´s y 90´s. 

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