The Borderlands (2013) de Elliot Goldner

El found foutage es un género por el que últimamente siento predilección. A día de hoy es una de las pocas formas que tengo de pasar miedo entre tanta película de susto barato y guionistas y directores sin imaginación. Hay varios ejemplos de películas found foutage que me han puesto el miedo en el cuerpo: desde la primera parte de “REC”, hasta los Paranormal Activities de Oren Peli o la reciente “The Sacrement “ de Ti West. Aunque también es cierto queaA veces, tampoco pretenden dar tanto miedo, pero aun y todo son divertidas, como “Chernobil Diaries”, “Cloverfield” o “Frankenstein Army”.

Pero como todas las modas cinematográficas, todo cansa y la gran mayoría de gente con una cámara HD ve en el found foutage una forma de sacar dinero rápido sin mucha inversión. Pero se olvidan uno de los factores más importantes para que esto triunfe: el talento. Ya que al realizar una película de este estilo, hay una línea fina –muy fina de hecho- que puede separar una escena terrorífica de una escena chusca.

Por otro lado, este film también se puede catalogar bajo el epígrafe de “terror campestre”. Estas  películas ambientadas en el campo escocés  dentro del campo del terror que suelen ser buenas, o como mínimos apreciables, como“ The wicker man” (1973) , “The Descent” (2005) o “Witchfinder General” (1968). Pero este “The Borderlands” no debe estar en esta lista.


Todo comienza con un buen cartel. Ciertamente, el cartel de esta película está muy bien estudiado. Tienes en el centro del mismo un edificio amenazante que se recorta contra un cielo amenazante. Y rodeando este edificio, un montón de one-liners y críticas que ponen la película por las nubes, pero cuyos autores son completamente desconocidos –tiene pinta de amigo de, o primo de-. Este es el principal cebo para el espectador despistado, como fui yo en ese momento.




La película comienza con un corto y desconcertante –porque no te enteras de nada- prólogo donde se ve una iglesia y varios policías hablando italiano. Vamos, que se lo podían haber ahorrado.
Luego se nos presentan a dos personas que llegan a una casa de campo y comienzan a poner cámaras en paredes, muebles y hasta en ellos mismos –cosa que según vemos a posteriori carece de sentido, y no es más que un pretexto del director para usar el found foutage en esta localización-.  Aunque en teoría deben esperar al jefe del equipo –ya que resultan ser un grupo de investigación paranormal enviado por el Vaticano-  deciden por que sí ir directamente a la iglesia que han ido a investigar y donde en teoría ha ocurrido un milagro que ellos vienen a catalogar como real o ilusión.

Todo esto ocurre entre el mayor de los tedios –algo que se espera en estas cintas, pero lo que ocurre aquí es digno de siesta de pijama y orinal-, ya que hasta los 25 minutos no ocurre nada digno de mención, que es una oveja que sufre una combustión espontánea.
A partir de este momento, la película nos lleva por lugares típicos: choque de personalidades entre un creyente y escéptico, sustos de chichinabo por parte del mental del grupo, largos periodos en los que no pasa nada –pero nada es nada-, personajes que se comportan de forma extraña sin ningún motivo…

Tras algunas investigaciones que ocurren en la película –y de la que no te enteras de nada- volvemos a los lugares típicos: conversaciones sobre el pasado de los personajes que no llevan a ningún sitio. Son al found foutage lo que las ecenas de despachos en las pelis de monstruos de Asylum.
Y volvemos a otros largos momentos en los que no pasa absolutamente nada. Pero aún peor que no pase nada, es que no se vea nada. Pero literalmente, no estoy hablando de la típica cámara que de repente se pone mareante y se desenfoca. Si no, a falta de imaginación –y posiblemente medios- el director opta por quitar toda iluminación posible de la película, quedando unos cinco minutos en total durante los cuales se oye hablar a los personajes pero sin ninguna imagen en la pantalla.




Y para llegar a los 92 minutos –porque este director (llamado Elliot Goldner) los tiene tan cuadrados que no va a quedarse en los  80 minutos de “Paranormal Activity” o los 70 de “Willow Creek”,  si no que tiene que llegar al estándar de una película normal, porque el director cree que está haciendo algo serio-  el realizador nos deleita con gente haciendo cosas sin sentido: Quedarse a dormir en la iglesia aparentemente encantada, cambiar las cosas de lugar, pegar ostias como panes a chavales que pasaban por allí.  Se puede parecer al video aquel de Rajoy donde decía “los catalanes hacen cosas”. Aquí podríamos decir “los escoceses hacen cosas”.

Tras todo este tedio, parece ser que al director le llegó un watsapp de los productores “Niño, que nos quedamos sin presupuesto”. Y aquí comienza un final precipitado en la que la máxima parecía ser ahorrar hasta el último penny: Dejad los trípodes y vamos a grabar cámara en mano, nada de iluminación, salimos y si hay Luna bien y si no a oscuras.
Y todo acaba con un final abrupto que no voy a explicar, pero no por los spoilers si no porque no me enteré de nada: ¿Esta la iglesia encantada? ¿Está la gente del pueblo haciendo una engañifa? ¿Son los investigadores unos gilipollas? No tengo respuesta para estas preguntas, salvo para la última; que es un sí como Escocia de grande.
En cuanto a los actores, están fatal. No se salva ninguno. Y como he dicho antes, son todos personajes arquetipos: el creyente, el bufón, el de oscuro pasado, el jefe, el sabio… Mención especial es el personaje del experto en tecnología, es tan solo por él que estas suplicando que por favor ocurra algo –algún monstruo, fantasma o perturbado- para que haga sufrir a este idiota.


En resumidas cuentas, seguro que tienes otras cosas más agradables de hacer que ver esta basura como arrancarte las uñas de los pies con unas pinzas, ayudar en una mudanza o ver el especial de la biografía de Paquirrin en bucle. Avisados quedáis.



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