Ocho apellidos vascos (2014).


Simpática comedieta la que ha hecho el amigo Martínez-Lázaro. Tonta, facilona y predecible, sin duda, pero con momentos de auténtica carcajada y con un discurso bastante trabajado, que es capaz de reírse con temas tabú, como nuestras idioteces territoriales o el conflicto etarra, y hacernos ver que, a fin de cuentas, seamos de Sevilla o de las Vascongad...digo...de Donosti, no somos diferentes.

Puro sabor vasco con denominación sevillana.

Un inocentón camarero sevillano, que nunca ha salido de la capital andaluza, conoce un día a la mujer de sus sueños. Esta es una joven vasca, asqueada con la vida y con todos los que le rodean por culpa de un desengaño amoroso que la dejó plantada semanas antes de pasar por el altar. Por avatares del destino el camarero acaba en el País Vasco haciéndose pasar por el ex novio de la chica, un vasco de tomo y lomo, para así poder engañar al padre de esta que cree que se van a casar.
Como podéis leer en su argumento, Martínez-Lázaro ha elaborado una comedia de enredo de las de toda la vida, con pocos artificios, salvo algún chiste políticamente incorrecto - quema de contenedores incluida -, y sin variar a penas un punto del esquema fijo para esta clase de films. Con principio predecible, desarrollo predecible y final predecible, todo ello salpicado con gags que juegan con el conocido recurso del pez fuera del agua, pero para suerte nuestra, esto en ningún momento resulta aburrido y acaba descubriéndose como un producto simpaticón, el cual se te pasa volando dejando un buen poso.
Uno de los principales aciertos del film es cargar el peso de la narración en su cuarteto protagonista, dejando que estos se luzcan de lo lindo en sus respectivos roles. De un Karra Elejalde enorme como pescador muy vasco, pasando por unas Carmen Machi y Clara Lago que les sientan como un guante sus papeles, hasta el novato Dani Rovira, que crea un tipo entrañable al que coges simpatía desde la primera escena.
Tanto la factura técnica y banda sonora pasan muy desapercibidas a lo largo del film, como suele ser normal en estas películas, aunque es agradecer ver que al menos han sabido cuidar la fotografía, y esta no parece de un subproducto de estreno directo en televisión. El contraste que hacen de una Sevilla luminosa con un País Vasco nuboso, pues oye,no queda mal.

En resumidas cuentas, una comedia que pasará a los anales, ya no sólo por su abultada taquilla, si no por ser la primera en reírse del conflicto vasco y de hacerlo bien. Con un sentido del humor bastante simpaticón y unos actores que bordan sus roles, "Ocho apellidos vascos" es una película que consigue entretenerte desde el principio al final. 

NOTA: 6

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