Un Dios Salvaje


Título original: Carnage.
Dirección: Roman Polanski.
Países: Francia, Alemania, Polonia y España.
Año: 2011.
Duración: 79 min.
Género: Comedia negra.
Interpretación: Jodie Foster, Kate Winslet, Christoph Waltz, John C. Reilly.
Guión: Roman Polanski, Yasmina Reza.

Dos niños de unos once años se enfrentan con violencia en un parque. Labios hinchados y algún diente roto…. Los padres de la “víctima” han invitado a su casa a los padres del “matón” para resolver el conflicto. Lo que comienza siendo una charla con bromas y frases cordiales, adquiere un tinte más violento a medida que los padres van revelando sus ridículas contradicciones y grotescos prejuicios sociales. Roman Polanski dirige esta película que lleva a la gran pantalla “Un dios salvaje”, la obra de teatro de Yasmina Reza.



He llegado a una conclusión: El ser humano es rematadamente idiota.

Pese a nuestra, aparente, inteligencia somos una raza que en ocasiones rozamos el ridículo más asombroso con nuestro concepto de qué es y no es correcto en nuestras vidas, y siempre parecemos obsesionados en buscarle siempre una razón, una causa, a cada cosa que nos contraría, en vez de encontrar una solución…que sería lo más lógico.



¿Qué si unos niños pequeños se pegan? Es culpa de los padres, que no les han enseñado modales.



¿Qué si el mundo va mal? Es cosa de los políticos, que no saben gobernar.



Pero eso sí, sonriendo falsamente a quién nos contraría, faltaba más, no vayamos a liarla un poco más, que hay que ser políticamente correctos ante todo…

…hasta que estallas, y aparece el ser primitivo que TODOS llevamos dentro.

El Yo primigenio al que no le importa lo correcto, el que no diferencia, porque no quiere, el bien del mal y que en cierto modo acaba por liberarnos de la estúpida pantomima que llevamos acabo.
Y es que, amigos míos, ese Yo primigenio y salvaje es nuestra sinceridad, y la sinceridad, hoy en día, está muy mal vista. Analizadlo: nos levantamos y nos acostamos escuchando información plagada de medias verdades (que no de medias mentiras), sabiendo que si conocemos la autentica realidad, acabaríamos abrumados. Imaginaos, por ejemplo, que realmente se supiese lo que pasó en el Terremoto de Tokio y sus fugas radiactivas, ¿seguiríamos consumiendo productos que se importaran desde allí?

Así de rematadamente idiotas somos.



UN DIOS COMO NOSOTROS



Polanski, ese director tan solvente como humano (en el amplio sentido de la palabra), es el director elegido, y más adecuado, para llevar a buen puerto este film. Adecuado y no solo por sus problemas personales, que no hará falta citar aquí, si no porque él realmente conoce al ser humano tras ese velo que lleva. Desde los “amigos” que cuando ocurrió la polémica le dieron la espalda, a los nazis que ocuparon su Polonia natal, Polanski ha vivido siempre bajo la larga sombra que proyecta la muralla que separa lo correcto de lo incorrecto. ¿Pero, y de qué lado está? Eso cada uno decidirá leyendo las noticias, pero lo que si es de agradecer, sobretodo en esta película, es que hoy por hoy prefiere no posicionarse.

Volviendo al film que nos ocupa, recordar que la película se basa en la obra de teatro homónima de Yasmina Reza, que relata la historia de dos niños de unos once años que se enfrentan con violencia en un parque. Posteriormente,  los padres de la “víctima”  invitan a su casa a los padres del “matón” para resolver el conflicto. Lo que comienza siendo una charla con bromas y frases cordiales, adquiere un tinte más violento a medida que los padres van revelando sus ridículas contradicciones y grotescos prejuicios sociales.

La historia de la obra de teatro no difiere demasiado de la que se ha trasladado al celuloide, salvo los minutos finales, que acaban de manera diferente y no como el Rosario de la Aurora, como acaba la obra de Reza, que en cierto modo es mucho más salvaje, pero aún así no le resta interés a la película, llegando a ser incluso más compleja  psicológicamente.

Los actores elegidos para la ocasión no podrían ser mejores, cuatro ases de la interpretación que aquí despliegan sus dotes actorales. Desde una Kate Winslet y un John C. Reilly  que se salen de la pantalla, a un Christohp Waltz desatado, no tanto como en Malditos Bastardos, pero que hay momentos que no hay quien le pare. Las más perjudicada de este reparto es Jodie Foster, que en algún que otro momento del último tercio dan ganas de colgarla de un andamio, pero hasta entonces se puede disfrutar de su interpretación.

Lo que no me he llegado a creer, aparte del personaje de Jodie Foster al final, es alguna reacción que, sin saber el motivo, los personajes padecen. Por ejemplo, el personaje de Reilly pasa de ser un cordero a ser el jefe de la pareja, y excusarlo en el alcohol…no cuela. Además de Winslet con las flores, pero eso prefiero que lo veáis.

Otra cosa que me gustaría destacar es el montaje de Hervé de Luze, empleando planos fijos y planos secuencia, evitando, de forma curiosa, los primeros planos en sus primeros minutos e ir aumentándolos según avanza la trama, para darnos a entender la asfixiante situación a la que son sometidos los personajes. Muy interesante.

La banda sonora de Alexandre Desplat apenas se escucha, salvo al principio y al final de la cinta, así que nada que objetar.



LA VERDAD NOS HARÁ ESCLAVOS



En resumen. Una buena película, que da una visión diferente de la historia vista en teatros, y que nos descubre, si no lo sabíamos ya, que dentro de nosotros late un corazón salvaje que desea por salir al exterior.

Comentarios