Pánico en la granja.

(Nota: ojo, no confundir con una película cutre de terror de los años setenta)
De pequeño me gustaba mucho Pingü. Sí, ese mismo, el pequeño pingüino de plastilina que vivía aventuras en el polo. Me acuerdo de levantarme temprano, las siete y media ocho de la mañana, para ver los capítulos en Telemadrid, en el Ciberclub para más señas. Me parecía muy gracioso el ver como se movía el pequeñajo, siendo la monda cuando se ponía a hacer ruidos con el pico (por que lo que es hablar...), luego a posteriori supe que la técnica que se usaba para que esos muñecos se moviesen era el stopmotion, al igual que en mi temida/adorada Pesadilla antes de Navidad. Una técnica que, por otro lado no comprendía demasiado bien mi mente de niño. Me extrañaba ver que esos monigotes de plastilina pudiesen hacer tantas birguerías y de verdad creía que eran en realidad personas con disfraces de pingüinos...era un niño, leches. Luego el tiempo pasó y con el nos llegaron obras tales como Jack y el melocotón gigante, La novia cadáver o Los mundos de Coraline, todas ellas obras maestras de la animación por stopmotion sin duda, pero que en el fondo no caló tanto y tan hondo en mí como hizo el personaje de Pingü y su animación sencilla pero aún así increíble.
A lo que nos lleva a la película que analizo hoy: Pánico en la granja. Y es que a veces nada mejor que volver a esos orígenes de la animación para lograr una película, que ya partía como buena, adquiera ese halo mágico que tanto se echa de menos estos días en los que la animación por ordenador esta tan en boga.
Ah, y antes de empezar, advertir que pese a ser catalogado como película destinada al consumo infantil, la película ofrece a los mayores una experiencia mayor y más gratificante que a los pequeños de la casa, que también se lo pasarán pipa.
Aclarado ese punto, sean bienvenidos a la locura, al caos y al puro delirio. Bienvenidos a la granja.

FRANCESES TENÍAN QUE SER

Es curioso, ahora que Pixar pasa por un bache, que no es para tanto por lo que tengo entendido, tras Cars 2, las películas de animación que más me han gustado esta temporada han sido francesas. Esta, Un gato en París y la mágica El ilusionista, han echo que pasase mejor rato en una sala de cine que películas americanas destinas a barrer las taquillas, como Kung fu Panda 2 o la citada Cars 2 (cuantos doses), pero que en el fondo decepcionaron a más de uno. Triste, pero es así. Entonces llegan estas películas que, de veras, sacuden el panorama de animación con menos medios que las americanas, pero con muchas ganas de hacer algo novedoso con métodos tradicionales, ganando el pulso, no en taquilla claro está, pero sí en el espíritu.
Ojalá aprendan de ello Pixar y Dreamworks en sus nuevas películas de cara al año que viene. Ojalá.
Bueno, me voy a centrar en la película, que me voy por las ramas.
El argumento de la película es la historia de, apuntad, un caballo, un indio y un vaquero de juguete que viven juntos en la misma casa. Resulta que es el cumpleaños del caballo y los otros dos se han olvidado y no le han comprado nada, lo que inicia una aventura que les llevará del polo al fondo del mar, pasando por el centro de la tierra.
La verdad que el argumento es solo una grandísima escusa para contar todas las locuras que les ocurren a los protagonistas, por culpa de esta panda de chalados que la dirigen. El nivel de locura es tal que para muestra un botón, los protagonistas se encuentran en el polo a un pingüino robótico (¿guiño a Pingü?) enorme que recorre la estepa nevada lanzando bolas de nieve (¡!) y que está habitado por dentro por tres científicos locos que esclavizan al trío. Podría añadir más ejemplos, pero no, os estropearía la experiencia.
Desde el principio se te definen los personajes, de una manera rápida pero concisa, que tampoco es muy necesario, pero se agradece. El jefe, y el menos tonto (que no listo) es Caballo, un equino enamorado de la profesora de música del pueblo, que también es un caballo. Vaquero e Indio son dos inocentes tontainas que siempre la cagan pero que no lo hacen a mala fe.

UN INDIO QUE QUERÍA SER VAQUERO PERO ERA UN CABALLO

Me he estado informando y he leído que la historia y personajes parten de una serie de animación de gran popularidad en el país galo (con razón). Contando en el equipo con los mismos creadores y equipo de la serie de televisión.
No os preocupéis si no habéis visto la serie de televisión (yo ni sabía que existía) ya que la película es totalmente independiente y autoconclusiva.
El film al parecer ha gozado de una gran carrera comercial en su país de origen, recaudando casi el triple de lo que costó, una cifra nada desdeñable para una película de estas características, y ya se habla de secuela.
Sé que muchos la tomarán como una película menor, incluso algunos ya la tildarán de infantil o simplemente ni la verán, pero en serio, dadle una oportunidad que no lo lamentareis, os lo aseguro.
Y, por favor, intentad verla en V.O., que hace muchísima más gracia.

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