No habrá paz para los malvados.

Difícil película la que voy a tratar  hoy. Difícil en varios sentidos, los cuáles ahora explicaré, pero no continuar sin hacer mención a ese Director con mayúsculas que es Enrique Urbizu, y a esa bestia de la interpretación que es José Coronado. Sus colaboraciones nos han regalado los mejores Thrillers que ha parido este país desde, bueno, desde que Garci se decantó por el drama histórico-añejo. A los dos, mi mas sincero agradecimiento.


DIFICULTADES VARIAS



¿Por dónde iba? Ah, si. Difícil. Difícil en su punto de partida, difícil en su desarrollo, difícil en sus personajes, difícil para conectar…podía continuar, pero creo que habéis captado cuál es la palabra que describe al susodicho film, ¿no?
Los que la habréis visto coincidiréis conmigo en que no es una película para todos los paladares, incluso a alguno le chirriará oír que se califique como thriller de acción, ya que la acción tarda mucho en aparecer, pese a que desde el principio ya tenemos un tiroteo, pero cuando aparece…merece la pena la espera, aunque lo dicho, tarda en llegar, pero no hace falta gastar ni una bala para conmocionar a los espectadores, os lo aseguro.

Se le pude acusar un poco al director, no sin motivo, de querernos vender un drama camuflado como si fuese una de acción al uso. En la que las miserias y fallos de los protagonistas son mostrados en la pantalla, y en la que el uso de un guión es incluso más necesario que el empleo de pirotecnia, cosa que ojalá tomasen nota los de Hollywood.

Su principal baza y reclamo es un personaje, a priori, nada atractivo: Santos Trinidad, el cuál haré un apartado aparte, pero solo decir por ahora de él que no es el tipo de personaje con el que conectas en el minuto uno del film, sobretodo porque se carga a tres personas a sangre fría casi sin pestañear.

Como los buenos antihéroes.



TRINIDAD, SANTOS TRINIDAD



Eje y columna vertebral de la historia. Mejor dicho, sin él no habría historia. Bebedor compulsivo de cubatas que tienen más ron que coca cola, por descontado un alcohólico pasado de vueltas que dejó hace mucho de ser su mejor momento en operaciones especiales, y que ahora se dedica a buscar personas desaparecidas, pero más dedicación le pone a que le echen del cuerpo. Ah, si, divorciado también, para completar el cupo…y nuestro héroe, o, como he dicho antes, antihéroe, palabra que últimamente a perdido el significado por los engendros con los que se les ha calificado así (saga Crepúsculo, os odio), pero que aquí adquiere un sentido claro y puro.
Un hombre que en la primera escena, rompe la nariz a uno (que le invitaba a copas, ojo), dispara a quemarropa a otro, dispara a la camarera por la espalda (!!!) y luego remata al primero en el suelo, pues…¿cómo decirlo? suena a cabrón total, hablando en plata, da igual que luego sean quiénes sean los que se cargó, de primeras viene atravesado.
Pero ocurre algo, al menos a mi modo de ver, que no ocurría desde que Malamadre asomó su calvo semblante por la pantalla, y es que desearíamos ser como él, o al menos de nuestro lado.
Gran culpa de ello la tiene Coronado, que con unas pocas líneas de diálogo, mucha chulería y muchísimo mas talento, compone uno de los personajes mas rico en matices que ha dado el cine español este año, y que sería de juzgado de guardia no darle el Goya el año que viene, aunque va a estar reñida la cosa con Luis Tosar…el tiempo dirá.
El único problema que le veo es que el guión se centra tanto en él que han olvidado a los demás personajes, los cuales son eclipsados por el bueno de Coronado. Ya sea porque no les da para más como a Rodolfo Sancho, Nadia Casado o Juanjo Artero, que ojalá saliesen más, o porque no aprovechan los minutos en pantalla como Helena Miquel, ver el momento del interrogatorio a Santos, en el que pone cara de circunstancias, aunque no sería justo decir que lo hace mal.




ARTESANO URBIZU



He mencionado en el comienzo a Urbizu, uno de esos directores que se sienten cómodos con ambientes mal sanos, donde la realidad más extrema es la que les toca vivir a sus personajes, y la violencia es la única respuesta lógica a sobrevivir en el, como si del salvaje oeste se tratase. Con La caja 507 demostró ese concepto, subrayándolo en el personaje que interpreta Antonio Resines en dicho film, que pasa de ser un inofensivo personaje gris a una bestia airada en busca de venganza, sin importar que los que se lleva por delante sean buenos o malos… aunque que digo, aquí no hay ninguno bueno.

En cierto modo me recordó esta película, salvando las distancias, al antiguo David Fincher o al Anthony Faqua de Training Day en la forma de planificar las escenas y de ir añadiendo subtramas que encajen en la historia principal. Puede que su manera de rodar, pausada y con calma, no sea del gusto de todo el mundo que hubiese preferido más acción en pro del desarrollo, incluso yo esperaba eso, pero lo que queda claro es que a este director le encanta el buen cine policiaco, ese que vimos en El Crack, en el que una sola mirada podría hacer caer de culo al malo de turno.



…NUNCA HABRÁ PAZ



En resumidas cuentas me ha encantado, sin ninguna duda, aunque como he ido diciendo a lo largo de la crítica, hubiese añadido mayor dinamismo y mejor profundidad a los personajes secundarios, pero aparte de eso una película bien rodada, mejor dirigida y con un Coronado al que, ojalá, le den una precuela.

Comentarios