Intruders (2011) de Juan Carlos Fresnadillo




¿Os acordáis cuando de pequeños, o no tan pequeños, dejabais la puerta entreabierta, haciendo que un pequeño hilo, un minúsculo hilo de luz, procedente del pasillo entrase a vuestra sombría habitación? ¿Os acordáis también cuando por la noche, el silencio sepulcral de la casa era roto por un crujir de madera, y solo vuestras sábanas eran el escudo protector más fiable ante ese “monstruo” que con seguridad vivía dentro de vuestro armario (o bajo la cama) y era el causante de dicho ruido?

Tal vez si, tal vez no, pero Intruders nos recuerda que ese “miedo” primigenio, un miedo que llevamos en nuestro ADN desde tiempos inmemoriales, sigue ahí, y jamás lo dejaremos atrás aunque crezcamos. 

ERASE UNA VEZ…

Esta película puede ser tomada por dos caminos:

1)    Un film al que  hay que analizar y aplaudir sus virtudes y  abuchear sus faltas (que las tiene).

2)    Un cuento. Un cuento terrorífico sin duda, pero un cuento.


A mí, que me gusta el riesgo, decidí verla de el último modo, asumiendo de primeras que la película iba a ser un cuento de antes de irme a dormir, y que me recordaría a esos de la abuela, en los que se me advertía de tener cuidado con el Coco.
No quiero decir con esto que sea una película ligera, al contrario, trata temas tales como la familia desunida, el amor paterno-filial, el miedo a lo que albergamos en nuestro interior y el miedo a la realidad….pero eso lo iré detallando más adelante.


La historia nos lleva a una casa.

En esa casa vive un niño con su madre.

Es por la noche y llueve como si no hubiese mañana.

El niño duerme.

Llueve. Llueve. Llueve.

Derepente, algo le despierta ¿qué puede ser?

Un maullido. Un maullido de gato.

El niño se levanta de la cama.
Está extrañado.
El maullido procede de fuera de su casa.
Sale, sin importarle la lluvia.
Ve al gato encaramado a una de las barras, al parecer están remodelando el edificio.

El niño llama al gato…pero algo le llama más la atención:
Un extraño fantasmagórico trepa por la fachada del edificio.
Asustado, el niño se esconde tras una esquina, pero no para de ver al extraño.
Su capucha no le deja ver su cara, aunque su aspecto le recuerda a un monstruo sediento de sangre, y sus movimientos, casi etéreos, los de una serpiente al acecho.
Horrorizado el chaval ve como el extraño se cuela por la ventana de su casa.
El niño, reúne el valor para entrar, ya que sabe que su madre está dentro y corre peligro si no la ayuda.
Cuando entra en la habitación, intenta evitar un grito que le sale por la garganta:
¡¡EL EXTRAÑO LE ESTÁ ROBANDO LA CARA A SU MADRE!!

El niño chilla al intruso que se gira y va hacia él…
Bueno, lo mío nunca han sido los cuentos, pero los primeros minutos transcurren así, con la presentación de la historia en Madrid, en el que Fresnadillo nos obsequia con el mejor momento de tensión de la película, en el que una madre (Pilar López de Ayala, que hasta con ojeras es preciosa) lucha contra el mal para salvar a su hijo, sin importarle el precio a pagar por proteger a su cachorro.
Esta escena te mantiene pegado al asiento hasta su conclusión, en la que, creemos que ha sido todo una pesadilla del niño al que su madre trata de consolar.

Ahora coged las maletas que nos vamos a Londres, donde un padre (Clive Owen, sublime) trata de comprender quién es el intruso que se cuela por la noche en la habitación de su hija Mia (Ella Purnell, a la que auguro un buen futuro) .
Ambas historia, que en principio no tienen relación entre si, se van uniendo cada vez más hasta desentrañar el misterio que une a ambos:
¿Quién o qué es Carahueca?



TEMED A CARAHUECA

Una de las escenas que más recuerdo, y que me recordó a una anécdota de cuando era ñajo, es la de John (el padre) con Mia en el jardín, donde este saca un cuento que le leía cuando era pequeña y tenía pesadillas, pero al ver que no le ayuda, coge un impermeable, unas botas y una pelota de baloncesto (a modo de cara) y crean un espantapájaros al que queman, a modo de purgar sus pesadillas.
Esa escena en cuestión resume, a mi parecer, lo que más importa y lo que hace mayor hincapié Fresnadillo a lo largo del film: Lo que un padre/madre hace por un hijo.
Un planteamiento de sobra conocido y tremendamente explotado, pero que no deja de ser interesante y, que coño, emotivo verlo en la pantalla.
Aunque tierna, la escena se va tornando a oscura, gracias a que nuestro querido villano Carahueca acecha a la preadolescente, ya que desde ese momento es y será su presa.
Carahueca se nos presenta así, como un monstruo despiadado, al que no le importa nada ni nadie, solo tiene una meta en su existencia: Poseer una cara en el sentido mas literal de la palabra, es decir, arrancársela parte por parte, ya que él no tiene una.
En el caso de Madrid, la de Juan, en Londres la de Mia, pero ambos casos unidos por un nexo que no explicaré…y espero que no sepáis porque os chafa la película, pero Carahueca es la respuesta.
Una cosa que quiero destacar es el aspecto de Carahueca según es visto en Madrid o en Londres. En Madrid es representado como un encapuchado cuasi fantasmagórico, capaz de levitar y hacerse incorpóreo a su antojo, a modo de un hombre del saco clásico y salvaje, mientras que en Londres es representado como un encapuchado fantasmagórico, sí, pero más coherente con las leyes de la física. En este caso parece más una persona enfundada en una gabardina y unos guantes. Me pareció un detalle genial, no solo por los efectos usados cada vez que hace entrada Carahueca, si no que su evolución según avanza el film es más que evidente.

UN HOMBRE SIN CARA ES UN HOMBRE SIN VIDA

De los actores, bueno, admitir que hay alguno mal desarrollado como el de la madre, interpretado por la alemana Carice Van Houten, y que hay momento en el que parece distraída con algo, pero admito que tiene una escena con un cigarro muy curiosa (y embarazosa). Lo que es de juzgado de guardia es tener a Daniel Brühl en el reparto y darle un personaje tan pequeño y soso. En los minutos que aparece no se le ve con muchas ganas, resultando poco creíble en su rol. Incluso Héctor Alterio en unos minutos, los que aparece, se come la pantalla, además de darle una paliza de campeonato al alemán, pero hay que reconocer que el argentino tiene tablas y Brühl todavía le queda aún que aprender.

Como he dicho antes, Carahueca es el eje central sobre el que rotan los demás personajes, pero ¿y los radios que sujetan la rueda? Pues ellos son Clive Owen, Ella Purnell, Pilar López de Ayala e Izán Corchero.
Que decir de cada uno de ellos, simplemente aplaudir la elección al director de casting que les señaló como intérpretes. Bravo. De verdad llegas a creer que son familia, como el citado momento de la quema, o cuándo Juan está jugando al fútbol y su madre se asusta de un encapuchado que les vigila (o no). De verdad, una gran elección.

En el tema de dirección, que se ha criticado tanto a Fresnadillo por llevar al celuloide una película tan a priori personal como es esta, y, hombre, se le pueden echar en cara muchas cosas, pero viendo el resultado, yo parto una lanza a favor del canario. Su uso del suspense, su manejo de la cámara y de los planos retorcidos, casi parecidos a los de cierto director polaco cuando le iba la marcha, o simplemente el tratamiento del miedo que se le otorga a esta cinta. Ejemplos como el de cuándo Mia en la guarida de Carahueca (atención a la fotografía), el comienzo de la trama con Mia, casi plasmado de Alicia en el país de las maravillas o el de John peleando contra el extraño en el cuarto de su hija, son grandes momentos que le añaden cifras a su valoración final.
Como puntos negativos podría destacar lo denso que resulta en ocasiones, incluso repetitivo en los primeros compases, o el empleo del giro final sorpresa, que en este caso de sorpresa poca, porque se ve a la legua.

MEJOR CON LA LUZ ENCENDIDA

En resumidas cuentas, una película imperfecta, pero que no deja de ser interesante dentro del panorama actual.
No recomendada a personas que aún duermen con la luz encendida o con su osito de peluche.

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